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La importancia de lo importante

Al amigo Villarba

Hay que ver lo que da de sí el verano para conversaciones trascendentales, no sé si será la calima o será que al darnos tanto el sol en la cabeza (sobre todo a los que somos cabrio o descapotables) nos ponemos un poquito más filosóficos de la cuenta.

Nos solemos poner en este estado semi-vegetativo en el que hablamos de las cosas más importantes de nuestra vida. Y no me refiero al típico dilema que nos acompaña desde el principio de los tiempos “hacia donde vamos” “de dónde venimos” o la tan manida frase del “¿Qué fue antes el huevo o la gallina? No, son conversaciones de las realmente importantes, de las que nos preguntamos durante toda la vida sin necesidad de hacer tratados sociológicos ni tener que utilizar el comodín de la llamada al sabio de turno que todos conocemos, y qué sabemos a ciencia cierta que va a dar con la solución a todos los problemas que podemos tener en estas divagaciones veraniegas. Este tipo de preguntas sin respuesta, o con tantas respuestas que no sabemos realmente cuál es la “verdad verdadera” como dicen en el anuncio, son tan importantes cómo:

¿Qué llevan las mujeres en el bolso para que pese tanto? El bolso, no la mujer, que luego me protestan.

¿Por qué una talla 42 (o talla L, que ahora nos las cambian cada dos por tres) mide la mitad de un fabricante a otro?

¿Por qué hacen pantalones en los que los bolsillos o son de adornos, o son tan pequeños que no te caben ni las llaves?

Y así podríamos seguir por los tiempos de los tiempos. Ven cómo nos afecta a todos, iba a escribir una columna y me ha salido una parrafada de las de terraza de bar con la copa en la mano y la mirada fija en el hielo para averiguar por qué un hielo se derrite antes que otro. Si es que no nos pueden dejar solos.

Publicado en “La Voz de Ronda” 21/08/2010

Lluvia

No se si será el dichoso cambio climático que tanto nos anuncian que va a llegar, o será que le hemos dado la vuelta al mapa sin darnos cuenta. El caso es que hace muchísimos años que no teníamos tantos días seguidos de lluvia.

Lluvia que hacía mucha falta, sobre todo al campo que estaba seco, pero también para beber, que después llegan las sequías y con ello la ruina (con la que nos está cayendo encima con la crisis). Pero no estamos acostumbrados a que pasen las semanas y semanas sin tres días seguidos de sol, dicen los más viejos que hacía décadas que no llovía tan seguido. Unos amigos que tienen su trabajo en el campo me cuentan que ya tanta agua no les viene bien, los huertos y olivares están descargando agua y lo que les vendría muy bien ahora sería unos cuantos días de sol, para que el campo se recupere y que el sol haga su trabajo de hacer que los árboles chupen el agua, que pare unos días para luego coger con más fuerza la que tiene que venir, que vendrá.

Han caído por esta zona más de mil litros por metro cuadrado, una cantidad que no habíamos recogido en los once meses anteriores, que han producido daños. Los embalses han tenido que abrir las compuertas, con el riesgo que conlleva, produciéndose inundaciones en muchos lugares (en Jerez están rezando para que pare el temporal). Hemos tenido agua, después nieve, ahora viento y después no sabemos que vendrá, el caso es que aquí no estamos acostumbrados a vivir sin sol tantos días.

Dicen los expertos que en el norte de Europa es donde más suicidios hay por la escasez de sol durante muchos días, que produce depresión. Pues si allí están deprimidos y están acostumbrados, imaginaros aquí. Estamos todos con una depresión que como no salga el sol pronto nos vamos a tener que poner bajo los rayos uva.

Publicado en “La Voz de Ronda” 27/02/2010

El Chiringuito

Cuando llegan estas fechas casi todos pensamos en las vacaciones.

Los hay que ya tienen reservado el viaje para ir a playas exóticas o los que prefieren visitar ciudades y monumentos por otros lugares, ahora que en esas zonas hace mejor tiempo. Sin embargo quedamos los que, al no tener esas posibilidades, aprovechamos para ir a la costa a darnos un chapuzón para cuándo cae la tarde volver a subir la carretera, de eso tendríamos que hablar algún día ¡vaya carreterita!, para dormir en nuestras casas ya que nuestra economía no nos permite muchos lujos.

chiringuitoSi algo nos quedaba era aprovechar la hora del mediodía, cuando ya estamos un poco hartos de sol, para ir al chiringuito a pegarnos un latigazo. Pero ahora intentan quitarnos los chiringuitos de las playas porque, según dicen, van contra la ley de costas, cuando lo que tenían que hacer era nombrarlos monumentos nacionales, como la Catedral de Burgos o el Toro de Osborne. ¿Que sería de la Cruzcampo o el tinto de verano sin los chiringuitos playeros?, por no hablar de los espetos de sardinas o el pescaito frito mientras mostramos nuestras panzas incipientes apoyados en la barra y los pies llenos de arena mientras refrescamos el gaznate.

Lo único que nos va a quedar es ir a la playa como íbamos antiguamente, con nuestra neverita azul y la tortilla de patatas, los pimientos fritos y el filete empanado que cuándo te lo comes te chirría toda la boca, ¡que buena esta la comida con arena! Y poner la sandía en la orilla para que se refresque enterrada en la arena, pero un poquito fuera para que le de el agua de las olas que vienen y van. Si es que no nos lo prohíben, que todo se andará.