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Socialdemócratas

Ahora la disputa está en la socialdemocracia. Unos dicen que lo son y otros que ellos más y desde antes. No sé con seguridad si Pablo Iglesias es socialdemócrata, aunque lo sean muchos de sus votantes y militantes, pero de lo que estoy seguro es que los dirigentes del PSOE no lo son, aunque lo sean muchos de sus votantes y militantes.

 

¿Por qué nacieron los nuevos partidos? Por un lado el PP se fue del liberalismo al conservadurismo más duro, de ahí nació Ciudadanos, para ocupar ese espacio. De otro lado el PSOE se pasó del socialismo al liberalismo, pero sin dejar algunas políticas sociales como la ley de dependencia o la de memoria histórica, pero en lo económico y en las leyes más fundamentales abrazó las normas del neoliberalismo, lo que hizo le dejar un hueco enorme en el ala de la izquierda que ocupó, con gran acierto, Podemos y sus políticas.

 

Mirando los programas electorales nos daremos cuenta de ello, con una gran diferencia, el PSOE dice que va a derogar algunas leyes y luego, cuando gobierna o quiere hacerlo, las deja de lado y no lo hace. El ejemplo claro no es la reforma laboral última del PP, que pasó de querer derogarla a modificarla en algunos aspectos, lo más sangrante es la ley hipotecaria, que siempre dice que la va a cambiar pero nunca lo hace y eso que los tribunales de la Unión Europea no paran de decir que es ilegal, pero le hacen poco caso ¡con lo obedientes que son para otras cosas! Como en lo económico para agradar a la presidenta alemana y a los bancos y empresas del Ibex, seguramente por eso cambian tanto en posiciones de gobierno.

 

No tengo ninguna duda de que muchos de los votantes, simpatizantes y militantes socialistas son socialdemócratas, por eso y no por otra cosa lo están abandonando tanto y tan rápido. Y como no se pongan las pilas van a terminar como UCD, que por no definirse claramente acabaron hasta con Suárez.

 

 

Publicado en “La Voz de Ronda” 11/06/2016

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Aprender

Nos desayunábamos hace unos días con la noticia de que en el Ministerio de Fomento se han pagado diez mil millones de euros en sobrecostes en obras en los últimos seis años, mismo importe del recorte en 2012 en Sanidad, Educación y Dependencia.

Ésta noticia, que nos debería haber hecho reaccionar de algún modo, haber pedido alguna responsabilidad o solicitar que alguien se hiciera responsable de esto, ha pasado totalmente desapercibida por todos, es lo habitual en este país al que llaman España. No pasa así en otros lugares. En Arabia Saudí hay empresas españolas construyendo un tren de alta velocidad y ya les han avisado que de sobrecostes nada. Han renunciado empresas españolas a hacer obras en Colombia ante el aviso de que allí se paga lo que se oferta. Ya pasó en Panamá donde empezaron a salir sobrecostes y cuando llegó el primero no justificado convenientemente le dijeron a los españoles “mireusté, aquí se dijo que se pagaba esto y es lo que se va a pagar”

imagesHasta el país centroamericano se fue la Ministra de Fomento a explicar el tema, pero en ningún país del mundo entienden lo que sucede aquí. Si se hace una oferta para hacerlo por cien, se hace por ese dinero, si luego cuesta doscientos treinta, como ha pasado con algún tren en España, se apechuga y punto.

Hay una solución, o aprenden a hacer presupuestos o se enseñan a hacer obras. Ya está bien de pagar el doble o el triple de lo previsto. ¿O es qué aquí estamos haciendo el primo? El primo rico a costa de los impuestos que tanto trabajo nos cuesta pagar a los que pagamos, lógicamente. Que encima los que se lo llevan calentito y sobrevalorado les salen todas las declaraciones a devolver ¡Ay si supieran hacer los presupuestos y las obras como hacen los impuestos, cuanto ganaríamos todos!

Publicado en “La Voz de Ronda” 17/05/2014

Lealtad

La lealtad es la fidelidad en grado máximo, cumplir siempre y, con honor y gratitud, no dar la espalda ante otras personas a la que se les ha prometido esa defensa. Aunque muchas veces solemos confundir lealtad con sumisión, sometimiento e incluso dependencia.

 

Ser leal es una virtud, tus amigos sabrán que siempre podrán contar contigo y tus enemigos que no defraudaras a quien muestras esa fidelidad, saben que dan en saco roto con sus ataques y que recibirás los golpes sin poner mala cara, algunas veces hasta sintiéndote satisfecho y orgulloso de saber mantener esa lealtad a la que te has comprometido.

 

Pero ¿hasta cuándo debe mantenerse? Porque es muy fácil pedir lealtad y luego descargar los “marrones” y los “malos rollos” sobre la persona a la que has pedido fidelidad ¿Se debe mantener por siempre? O se debe pedir el mismo grado de lealtad a la otra persona.

 

Cuando has sufrido en tus propias carnes la lealtad, cuando has llegado a defender lo indefendible por mantener esa fidelidad y la otra parte no ha respondido con igualdad, el pacto debe estar, al menos, en peligro.

 

Ya pasó hace unos años, se firmaron pactos y se prometió lealtad, no fue bien. Se cumplió sólo en parte y la mayor pérdida fue para el que más defendió al otro. Algunos que se parapetaron y dejaron que se “comiera todos los marrones” el otro en aras de una pretendida lealtad que no fue. Ahora está volviendo a pasar en clave local, con otros, pero está ocurriendo.

 

La lealtad es una virtud, cierto, pero cuando ésta hace que pierdas la más alta de las virtudes, la fidelidad hacia los tuyos, cuando pone en peligro a tu propia familia… ahí debes parar. Ya está bien de que siempre paguen los mismos, por los mismos errores y lo vuelvan a perder todo. Mientras otros se van sin un rasguño y sólo aparecen a la hora del elogio.  Aprendamos.

 

 

Publicado en “La Voz de Ronda” 03/03/2012