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Enamorarse

Enamorarse es lo primero que hace alguien, nada más nacer. Dicen los expertos que los primeros amores son para toda la vida. El recién nacido ve a su madre y a su padre y ese amor queda para siempre.

Cuando uno va siendo niño, ve a la niña que se va a convertir en el amor que nunca olvidará, por mucho que pasen los años, alguna vez será correspondido, pero será muy raro. Ese amor pasará, pero siempre estará en el recuerdo, cada vez que se vean por muchos años que pasen, volverá a nacer en su estómago el hormigueo de la niñez.

Con la juventud y la madurez vendrán nuevos amores…nueva vida. Pero llegará un amor que también será para siempre y es el enamoramiento que sientes ante la belleza sublime cuando llegas a algunos lugares, ese sitio donde no esperas encontrar lo más bonito e insospechado, ese rincón o paisaje, el atardecer o amanecer más asombroso que nunca hayas soñado.

images1A mí me pasa cada vez que estoy en Ronda, quizá a otros les pase con otros lugares, pero inténtenlo, acérquense con esa mirada virgen de cuando eran niños o jóvenes. Miren y den un paseo por la ciudad, por el filo del tajo, bajen a ver y admirarlo desde abajo y vean el Puente Nuevo o vayan a visitar la garganta por el otro lado y disfruten de unas vistas maravillosas desde donde apreciar el Puente Viejo o la zona de los Baños Árabes…tendrán tantos lugares para enamorarse que no querrán que la visita acabe nunca, la belleza en estado puro. La piedra y la naturaleza conjuntadas para que ya, nunca, nada sea lo mismo…el Amor en mayúsculas habitará para siempre su corazón, los cosquilleos del estómago no serán lo mismo.

Y es que, tras eso, nunca nada será lo mismo. El enamoramiento es lo que tiene.

Publicado en “La Voz de Ronda” 29/08/2015

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Sinrazón

Me van a permitir que hoy os escriba desde la consternación, desde la tristeza y desde la más absoluta de la incredulidad. Si son ciertos los últimos datos que hemos podido conocer no queda otra que estar afligidos y que nos miremos unos a otros sin entender nada.

El pasado miércoles desapareció una niña en Arriate, salió con sus amigas a pasear y no volvió. Lejos de aparecer al día siguiente, no se tuvieron noticias hasta la noche del jueves y con ellas los peores presagios que se podían tener se confirmaron, la niña apareció sin vida y con signos evidentes de violencia (todo según las informaciones que nos han llegado).

Estuve la tarde del jueves tomando un café con unos amigos como hago todos los días, pero no era el ambiente habitual, la tristeza se iba apoderando de todos los que tenemos la pequeña tertulia que se forma ante las tazas humeantes, conforme iban pasando las horas veíamos que aquello tenía mala pinta, nunca había pasado algo parecido en la Serranía y esa era la esperanza, el clavo ardiendo al que nos aferrábamos cómo si en ello nos fuera la vida.

Siempre hay una primera vez para que ocurran casos que veíamos muy lejanos, no esperábamos que sucediera lo que ha sucedido, una desgracia que nos ha puesto en el mapa del maltrato y la sinrazón, nos ha descubierto que no somos diferentes a los demás y que por difícil que lo veamos nos puede tocar a nosotros y bien que nos ha tocado.

Algo debe de funcionar muy mal para que una niña de apenas trece años sufra lo que ha sufrido María Esther. Es el momento de hacer revisión de los actos que nos suceden alrededor y ver en qué estamos fallando, por qué algo no está funcionando muy bien cuándo suceden estas cosas, hechos que creemos lejanos pero nos ha sucedido a los vecinos de la tranquila y maravillosa población de Arriate. Qué el árbol no nos tape el bosque y seamos capaces de atajar estas cosas de raíz. Por el bien nuestro y el de nuestros familiares, hagamos algo.

 

 

Publicado en “La Voz de Ronda” 22/01/2011