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Habitación con vistas VII

Habitación con vistas al mar VII

Una vez pasada la Infusión de las células madre, ahora quedaba que todo hiciera su trabajo. Así, los días siguientes fueron transcurriendo entre la intranquilidad de ver cómo y a qué velocidad iban bajando las células y lo que quedaba por venir.

El punto álgido era llegar a cero células, algo que se consiguió (según estaba previsto) a la semana del trasplante, el día 29, la quimio había completado una fase de su parte correspondiente que era matar todas las células, como decía al principio de estos relatos y me había comentado la doctora las buenas, malas y regulares, pero quedaba por venir lo peor de todo este tiempo.

El personal sanitario a disposición que teníamos luchaban con lo que podían y se conoce, antibióticos contra los virus, bacterias y hongos, los males conocidos contra los que se puede hacer algo para que no te ataque nada, sin células y con las defensas al cero cualquier pequeña infección es un problema. El pico de fiebre, como lo llaman ellos, es el día que te da más de 37,7 de temperatura y es el momento de hacer el hemocultivo que consiste en sacar sangre de las dos vías abiertas con el catéter y del brazo para comprobar que, efectivamente, no te ha atacado nada, sólo que estas totalmente indefenso.

imageLo peor de esta tercera semana no es que las defensas estén bajas, es que la temida mucositis hace su aparición. Acaba con todo la flora intestinal y todo el tejido que protege el sistema digestivo, es curioso ver cómo te bebes un Té y tarda menos de dos minutos en llegar abajo y tener que ir al baño con diarreas. No puedes comer nada y te vienes abajo del todo, lo lógico es que te pongan nutrición parenteral, cosa que se hizo, y nos tengan que poner, no en todos los casos, pero a mí si, sangre y, por supuesto, plaquetas.

Estábamos en el peor momento del trasplante, seguiremos contando.

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Habitación con vistas VI

                                          Habitación con vistas al mar VI
Amaneció el día 22 como cualquier otro día, nada hacía presagiar que sería un día importante en la vida del que esto escribe. La mañana transcurrió según suele suceder en los hospitales. Empezaron temprano con la preparación y la hidratación para que el trasplante fuera lo mejor posible.
Llegadas las 14 horas, 24 después de la quimio de preparación, se procedió a empezar todos los preparativos del trasplante. Primero me monitorizaron para ver que el ritmo cardiaco era el adecuado, también tenían que comprobar que el pulso no se iba y la tensión, tomándola constantemente para que no hubiera ningún problema a la hora de recibir la transfusión.

Porque el trasplante de médula ósea consiste, básicamente, en transferirte las células madre que, una vez preparadas, te extrajeron en la aféresis que hicieron en enero.
Una vez todo preparado se procedió al trasplante. Llegó la enfermera, Mamen se llama y que es la amabilidad personificada, que estuvo durante la aféresis que traía la bolsa con las células. Desde que salió del congelador hasta que debe entrar en el cuerpo no pueden pasar más de diez minutos, con lo que lo enchufaron rápidamente al catéter quitando todo lo demás y que pasara lo más rápido posible, al lado mi ángel de la guarda, la enfermera del turno Mercedes, pendiente por si hubiera que introducir un poco de líquido en la bolsa para ayudar al paso de la bolsa, que tardó los diez minutos casi justos, quizá un poco más, pero es que no puede tardar más, ya que se cristalizan, al estar congeladas, y le introdujo un poco de suero para limpiar la bolsa y que entrara todo.

Mientras iban a por la segunda bolsa de células madre, Mercedes, mi ángel, limpió el catéter para que fuera más rápido y no hubiera ningún problema. Efectivamente la segunda bolsa fue mucho mejor, principalmente gracias a la ayuda de mi ángel. Todo este tiempo tuve que estar comiendo unos caramelos con palo (si, los llamados chupa chups) para mitigar un poco el olor y sabor que deja en la boca el conservante que llevan las células para conservarlas desde enero hasta ese 22 de abril en el que me hicieron el trasplante.


Ahora tocaba esperar que todo fuera haciendo su trabajo, pero eso será otro capítulo.

Habitación con vistas III

Habitación con vistas al mar III

La esperada llamada no llegaba, así estaba previsto ingresar en la primera semana de abril o un par de días después, pasados esos días llamé y me dijo la doctora que lleva los trasplantes en el Carlos Haya que había un poco de retraso dándome cita para el día 29 de abril, por si hiciera falta una sesión de quimio extra para que todo estuviera controlado, como lo tuvieron que hacer en marzo, con lo que veía pasados abril y mayo, en pleno verano un trasplante y un mes ingresado, mal rollito.

Pero cuando menos lo esperaba, pasa como con todo mientras más esperas más tarda y cuando dejas de esperar te llega, pues así fue y me llamaron el día 19 a las 14:30 h para que estuviera en el hospital Carlos Haya el día siguiente a las 9 de la mañana con el papel de analítica que me dieron en enero.

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Amanecer desde Carlos Haya

Toda la tranquilidad que tenía, tanto yo como toda la familia, se convirtió en un ir y venir ¡Qué haría sin mi mujer, mis hermanas, mis padres! Se pusieron todos en marcha para preparar todo lo necesario para ir al día siguiente al hospital.

El día 20 de abril a las 7 de la mañana, en ayunas (hay que joderse con las analíticas y tener que ir en ayunas, con lo bien que sienta un cafetito recién levantado), dirección Málaga con todo preparado, la ropa esterilizada y lo demás desinfectado con todo el cuidado de no tocarlo, poniéndolo en bolsas estériles, para que no haya infección alguna una vez en el hospital.

Una vez que te sacan la sangre, te dicen: Váyase donde quiera, a las 7 de la tarde tiene que ingresar por el otro edificio. Así que te quedas a las 9:15h en Málaga hasta las 19h sin nada que hacer.

Menos mal que mi hermana y mi cuñado, que me acompañaron ese día, habían previsto todo y teníamos el nombre de un sitio para comer, buenísimo, y nos hartamos de pescaito antes de ingresar por la tarde.

Habitación con vistas II

Habitación con vistas al mar II

Ha pasado poco más de un año, concretamente un año y 12 días, desde que me diagnosticaron la enfermedad, todos sabéis cuál “Mieloma múltiple”, y un año y ocho días desde que en el Hospital Clínico de Málaga lo confirmaron.

También ha pasado justo un año desde que la doctora que me lleva en ese hospital me comentó el plan de actuación: Quimio, seis u ocho sesiones, dependiendo, luego ingreso para trasplante de médula ósea. La quimio la empezamos sólo 6 días después y empezamos a preparar el cuerpo para lo que venía.

imageEl primer tratamiento no funcionó, al contrario, me hizo una reacción, creen que alérgica a alguno de sus componentes o a los dos juntos, total que hubo que interrumpirla. Me puse como una naranja, de color y de tacto, tuve que mudar la piel, cosa que hice con ayuda de algunos medicamentos y pomadas que me tenía que poner mi mujer por todo el cuerpo, una alegría vamos, lo único bueno es que me ahorré un par de olas de calor, yo tenía siempre frío.

En julio comenzamos con un tratamiento distinto, que funcionó a las mil maravillas, ya que no hubo ningún tipo de problema desde entonces y pudo prepararse el cuerpo para el trasplante. En noviembre concluyó esta parte. 6 sesiones de quimio, contando la primera, que algo haría, al menos a mí me dejó un mes hecho unos zorros.

En diciembre me pusieron un catéter, además de muchísimas pruebas más, para preparar la extracción de células madre. Me dieron una sesión de quimio entre el 31 de diciembre y el 1 de enero, ya que tiene que ser diez días antes de la extracción, Aféresis se llama, cosa que hicieron el día 11 de enero en el Hospital Carlos Haya, como lo conocemos todos.

Una vez pasado todo esto, ya sólo esperaba a que me llamaran para ir a Málaga para ingresar en el Carlos Haya y hacer el trasplante.